Noruega convirtió el petróleo en algo mucho más difícil que riqueza inmediata: patrimonio para generaciones que todavía no han nacido.
Su fondo soberano administra una fortuna de escala prácticamente estatal y posee participaciones en miles de empresas alrededor del mundo.
Pero la historia importante no es cuánto dinero tiene.
Es qué decidió hacer Noruega con él.
En lugar de permitir que toda la renta petrolera entrase directamente en la economía, construyó un mecanismo para invertirla fuera, suavizar los ciclos del petróleo y separar parcialmente la riqueza presente del gasto político inmediato.
Un recurso natural puede desaparecer.
Un sistema bien diseñado puede sobrevivirle.
Si mañana tu país descubriera una fortuna bajo tierra, ¿la gastarías ahora o la invertirías para dentro de 50 años?



Igual que los países de Latinoamérica que se adueñan del petróleo unos pocos.